Archivos Mensuales: junio 2015

SIGFREDO ARIEL OPINÓ SOBRE “CUBA EN VOZ Y CANTO DE MUJER”


Desde hace muchos años el trabajo de Mayra A. Martínez es referencia frecuente en muy diversos textos de investigación de la música popular cubana dentro y fuera de nuestro país. La colección de entrevistas Cubanos en la música, que recoge sus diálogos con destacadas figuras –originalmente publicadas en las páginas de la revista Revolución y Cultura– es una copiosa fuente de datos y claridades sobre géneros, movimientos, tendencias y procesos que han tenido lugar en nuestra expresión musical a lo largo de varias décadas. Por eso ha sido, es y seguirá siendo un libro citado y saqueado por investigadores y musicógrafos desde que apareció publicado por Letras Cubanas en 1993. Basta revisar las bibliografías de muchos libros sobre música cubana publicados en diversas latitudes desde aquella fecha, sin contar, por supuesto, quienes lo han utilizado y no lo citan. Entonces, en el prólogo, Radamés Giro apuntó:

[…] Mayra no deja que le cuenten solamente, sino que participa como voz conductora, a la manera de un director de coro, por lo que sus ideas y puntos de vista son elementos que no podemos soslayar a la hora de la lectura, pues cuando la respuesta no expresa todo lo que ella quisiera, viene el comentario a tiempo, la aclaración oportuna […] .

Esta aseveración del profesor Giro es aplicable al más reciente libro de Mayra A. Martínez –Cuba en voz y canto de mujer– manuscrito que he tenido el privilegio de leer, volumen que no sólo incluye una serie de entrevistas especialmente realizadas para este ensayo, sino que brinda, en su primera parte, un documentado panorama de la presencia femenina en la historia musical cubana, –sin academicismos ni habitualidades– desde los orígenes hasta la actualidad.

Martínez hace justicia a compositoras e intérpretes cuyas obras han permanecido al margen de otros estudios y exámenes publicados, a causa de prejuicios, circunstancias y del escaso rigor que históricamente recorren textos que, de manera parcial, se han ocupado del tema. Contra la tiranía de modas más o menos efímeras, el machismo y la ausencia o dispersión de datos, bibliografías y discografías, Cuba en voz y canto de mujer es fruto de un esfuerzo de años de investigación, reflexión y estudio.

Se trata de un libro apasionante, no solo por las revelaciones que contiene a nivel de anécdota, precisiones de fechas y asociaciones de ideas, también por su redacción directa, clara, periodística, sin dejar de utilizar oportunamente recursos literarios –sobre todo en los textos que acompañan algunas de las entrevistas– que apoyan y arropan las respuestas de las entrevistadas y comparten con el lector una visión de la artista como ser humano.

Cuba en voz y canto de mujer se convertirá en un libro de referencia y de consulta útil, además de ser un recorrido ameno por la obra autoral e interpretativa de figuras admiradas y queridas por públicos de varias generaciones. Aunque se trate de una frase común, utilizada a menudo indiscriminadamente, estoy seguro de que este tomo sí viene a llenar un vacío en la atención y examen de la importante presencia femenina en la cultura cubana. Y lo llenará con creces.

Sigfredo Ariel

La Habana, 28 de marzo de 2015.

BEATRIZ MÁRQUEZ Y SUS INICIOS, DE SU ENTREVISTA EN “CUBA EN VOZ Y CANTO DE MUJER”


¿Cuando empezaste a cantar lo hacías como aficionada? Por ejemplo, ¿en fiestas o actos de escuela? ¿Tus padres aceptaron bien tu tendencia hacia la música?

“Mis padres lo aceptaron muy bien, pero sí querían que lo tomara en serio y estudiara lo más posible. Volviendo a la Escuela de Música Moderna era como para la nivelación de gente en el ejercicio de la profesión, y había alumnos de distintas provincias y, por supuesto, diferentes edades. Yo era de las más jovencitas. De este modo, comencé como pianista de un grupo, y como cantaba, me animaron a grabar con Los Barba, dirigido por José Luis Cartaya, una balada dedicada a la Isla de la Juventud, y luego me propusieron ser la voz solista aunque ellos no estaban profesionalizados todavía, sino que todo era a nivel de la escuela. No obstante, hicimos presentaciones en programas educacionales de la televisión, con temas de Juan Formell, de Silvio Rodríguez, de la trova tradicional, y gustó mucho una versión que monté de ´Con su blanca palidez´.”

CON BEATRIZ MÁRQUEZ EN EL VEDADO

CON BEATRIZ MÁRQUEZ EN EL VEDADO

Y SOBRE ALINA TORRES HABLO EN EL CAPÍTULO “Y EN ALGUNAS DE LAS NOCHES DE BOHEMIA”


Algo parecida a la trayectoria de Soledad Delgado es la de Alina Torres, que no fue solista desde el comienzo, sino en este caso luego de darse a conocer como compositora de música incidental para puestas en escena teatrales y de televisión, difundiendo sus canciones, boleros y hasta pegados números bailables, por los que fue premiada, tras crear el Trío Da Capo, después cuarteto, así como acompañar al piano en sus últimos años a la gran Elena Burke. Hasta que finalmente mostró con amplitud sus dotes para llevar ella misma el control de la descarga, cantando respaldada por las teclas y abarcando un repertorio diverso, en una intensa interacción con su público, muchos asiduos a sus nocturnas presentaciones. Por eso, la Egrem grabó 2003 en vivo el CD “Una noche en el Gato Tuerto”, donde se incluyeron 16 composiciones, en una suerte de hilación espontánea de lo mejor del feeling, presentes Frank Domínguez, Ela O´Farrill, José Antonio Méndez, sones, guarachas, de todo un poco y con alta calidad, calidez y en el más exquisito estilo de la descarga.

Por cierto, en una síntesis biográfica que me envió hay un interesante comentario de Sigfredo Ariel: “Muchos aseguran que Alina Torres forma parte de una raza en extinción, la de los artistas capaces de enfrentar verdaderamente al público de la alta noche. Cuando actúa la rodea una especie de hechizo, y el público lo siente. Lo sentimos todos. Su magia se extiende sobre la madrugada, con un piano, con una sonrisa, con verdaderos deseos de comunicar emoción”.

Gracias Alina Torres por tus palabras. Y ahí nos vemos pronto de nuevo


En la UNEAC, luego del concierto de Alina Torres, con Sigfredo Ariel, poeta, escritor y gran conocedor de nuestra música, y la pintora Diana Balboa

En la UNEAC, luego del concierto de Alina Torres, con Sigfredo Ariel, poeta, escritor y gran conocedor de nuestra música, y la pintora Diana Balboa

UN BREVE FRAGMENTO SOBRE LA LUPE, DEL CAPÍTULO “MÁS ALLÁ DE MIL FRONTERAS”, DE “CUBA EN VOZ Y CANTO DE MUJER”


Pero, ¿quién era esta mujer nerviosa y temperamental? Nadie mejor que ella para contarlo. Y para esto, por suerte, es posible verla y oírla en un video casero titulado “La Lupe cuenta su vida y conversión”, donde subida al podio de una Iglesia Pentecostal  –religión a la que se acogió en sus últimos tiempos-, sin abandonar su espontaneidad y simpatía peculiar, testimonia su trayectoria, mientras reitera alabanzas y aleluyas a Jesús: “Mi nombre es Lupe Yolí y yo soy cubana, yo soy de Oriente, de Santiago de Cuba (…) Yo nací en un pueblo bien chiquito y bien pobrecito, que se llamaba San Pedrito, y allí no había carretera, medios de comunicación, ni guaguas ni trenes, ni nada, con un camino largo de tierra por donde yo caminaba muchas leguas y sin zapatos para poder llegar a la escuela. Allá en San Pedrito (…) yo me crié con mi madrastra, porque cuando tenía nueve años mis padres se divorciaron y él trajo a vivir a mi casa a Rosa, mi madrastra, bien mala conmigo (…)

En su discurso recesa por un instante para advertir a la congregación que “sus pecados le daban vergüenza”. Y luego prosigue: “A mí lo que me gustaba hacer era cantar y yo cantaba unas canciones españolas de Lola Flores y Rosa me decía: ´¿cuándo has visto a una negra cantando español?´ (…) Y un día me enteré que había un concurso de aficionados e hice una imitación de una cantante muy famosa, Olga Guillot, y me gané el primer premio.”

Cuenta Lupe Victoria Yoli Raymond que en 1955 se mudan para La Habana y matricula, a instancias de su padre, en la Escuela Normal de Maestros, aunque por pobre estudiaba con libros prestados. Tres años más tarde, al graduarse, le lleva el diploma y le dice: “no voy a ejercer porque lo que me gusta es cantar” y él le advierte que para eso debía salir casada de la casa. Y por eso su matrimonio con el músico Eulogio Reyes, Yoyo, director del Trío Tropicuba, que integró de inmediato, durante dos años, hasta la ruptura de relaciones entre ambos.

UNA FOTO MUY QUERIDA, CON LA CUBANA MÁS UNIVERSAL


CON LA REINA, CELIA CRUZ

CON LA REINA, CELIA CRUZ

¿QUÉ EXPLICO EN LA INTRODUCCIÓN DE “CUBA EN VOZ Y CANTO DE MUJER”?


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INTRODUCCIÓN
Reunir la información acerca de las intérpretes cubanas básicamente de géneros populares y tratar de organizarla de modo sintético ha implicado una revisión exhaustiva de múltiples documentos en archivos especializados, bibliotecas, libros publicados por musicólogos, musicógrafos y periodistas sobre el tema, así como una inmersión profunda en la infinidad de materiales subidos a las redes digitales, algunos repetitivos sin dudas, y otros de interés, que no por aportar datos sencillos o incluso simplemente anecdóticos, dejan de ser valiosos.
Así, este libro busca brindar un panorama accesible a los lectores sobre la importancia de las cantantes cubanas, sustentado en una investigación seria acerca del trabajo de cientos de éstas, quienes durante más de un siglo han ofrecido lo mejor de su arte al mundo entero, y de las cuales, por suerte, muchas aún siguen haciéndolo, en tanto a cada momento aparecen en los escenarios nuevos talentos, pues Cuba ha resultado…

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HABLA ELA O´FARRILL SOBRE SUS PRIMERAS CANCIONES, DE LA ENTREVISTA INCLUIDA EN “CUBA EN VOZ Y CANTO DE MUJER”


TAL VEZ ESTA FUE SU ÚLTIMA ENTREVISTA EXTENSA, BIOGRÁFICA, Y DESEO BRINDARLES UN FRAGMENTO

Y las primeras canciones, ¿cuándo surgieron?

“Mi primera canción la escribí, más o menos a los 13 años, titulada ‘Ven, mi amor’, inspirada en una película que vi llamada “Huracán”, y me apenaba darla a conocer en mi casa, pero una amiga lo supo y en una reunión familiar me pidió que la cantara. Me sentí morir, qué pena, y la hice con la guitarra, que ya estudiaba con el Maestro Mario Ruano, aparte de continuar con las clases de piano. Decía más o menos ‘Ven, mi amor,  en la playa esperándote estoy…’ y toda mi familia comenzó a bromear al respecto, por lo que no volví a abrir mi boca para cantar algo más en mucho tiempo. En esa época los niños sentíamos mucho respeto por los mayores, y me cohibieron con sus comentarios.

“Y por ese tiempo, un amigo conoció en La Habana a una joven pianista y compositora santiaguera, fabulosa, Numidia Vaillant, y él la invitó a visitarlo en Santa Clara. La llevó para que la conociéramos y era una concertista de primera categoría. Me fasciné, cuando en el piano tocó ‘Rapsody in blue’, y yo extasiada. Ella trabajaba mucho con la gran Isolina Carrillo. Y con el transcurso de los años, a cada rato, la invitábamos a pasarse temporadas con nosotros, donde armábamos como una sala de conciertos, con familias amigas, para disfrutar de sus interpretaciones.

“Incluso, con ella tuve la confianza de mostrarle mis primeras composiciones. Le preguntaba ´¿Numi, qué te parece esta?´ Y agarraba la guitarra y se la cantaba. Por cierto, siempre me estimulaba y me decía que le gustaban. Después, estando de visita en La Habana un día le comenté que había oído ´Contigo en la distancia´, por un intérprete de entonces, y me impresionó tanto que quise saber el nombre del autor. Cuando la vi le pregunté si acaso conocía a César Portillo de la Luz, quién era, y resultó que era su amigo. Así, le dije ‘Ay, Numidia preséntamelo, porque esa canción es una maravilla, es lo máximo que he oído en mi vida…’ En efecto, me llamó por teléfono para avisarme que iría con César a la casa de mis primas, donde me quedaba, y nada menos que me había sacado una muela, y tenía la cara hinchada. Me espanté, y cuando llegaron me escondí en un cuarto próximo a la sala, diciéndole desde detrás de la puerta que me disculpara, pero estaba en esas condiciones y no quería salir. Él se echó a reír y me soltó ´no te preocupes, no importa la envoltura, lo que importa es el contenido, así que ¡sal ya!´. Y sacó su guitarra, empezó a cantar, emocionándome tanto que le pregunté ‘César, ¿me enseñarías a tocar guitarra?’ Porque yo tocaba acordes sencillitos, tónica y dominantes en distintos tonos, me defendía, pero no más, y quería tocar los boleros, las canciones más complejas que escuchaba, de los grandes compositores de entonces. Y me contestó ‘claro que sí, Elita, yo te enseño’. Pero, aún yo estaba entre Santa Clara, Perico y el Central España, así que seguimos en contacto, y cuando llegaron unas vacaciones de verano, tres meses, le expliqué a mis padres que no quería irme a Varadero, como de costumbre, si no irme a La Habana, junio, julio, agosto y principios de septiembre para recibir clases de guitarra. Me había fascinado su manera de tocar, era especial, era la guitarra con feeling, con nuevas armonías, de un movimiento musical tan innovador. Y en esos tres meses, una vez a la semana me reunía con César, quien me llenó un cuaderno de canciones, me enteré de qué se trataba su grupo y me regresé a Santa Clara con todo aquello. César todavía trabajaba como pintor de brocha gorda, nada de actuaciones en algún lugar fijo, pero era muy educado, le gustaba mucho leer, una gente muy brillante, conocedor de todo, y lo quise mucho.”

AHÍ ADELANTO UN FRAGMENTO DEL CAPÍTULO “DETRÁS DE LA GUITARRA, LA VOZ”, DEL LIBRO EN PROCESO “CUBA EN VOZ Y CANTO DE MUJER”


María Teresa Vera, la pionera

Nacida en Guanajay el seis de febrero de 1895 fue una excepcional pionera en la música cubana, sobre todo dentro de un contexto mayoritariamente masculino en los albores del Siglo XX.  Mestiza, de baja estatura y complexión delgada, en casi todas sus fotografías aparece como agazapada tras su guitarra, ya fuera con Rafael Zequeira con quien hizo dúo durante varios años, y grabaron más de 200 números, o liderando su Sexteto Occidente, fundado por ella en 1926, con Ignacio Piñeiro en el contrabajo, Manuel Reinoso en el bongó, Julio Torres en el tres y Paco Sánchez en las maracas, agrupación que se caracterizó por tocar el son al modo habanero, algo innovador en su época, lo cual influyó en la contratación hecha por Columbia para grabar en New York, en su último viaje a dicha urbe, a donde ya había actuado años atrás.

En un documental sobre la trovadora, Pablo Milanés la consideró la “voz más bella dentro de voces femeninas en la canción trovadoresca cubana, como María Teresa no se van a encontrar, o se encontrarán pocas. Una voz tan telúrica, tan humana, tan sencilla al mismo tiempo, que podía expresar tantas cosas desde el punto de vista humano, y romántico como expresaba María Teresa, que yo recuerdo todas sus canciones, todas sus inflexiones de voces, todas las voces que hacía, ella en combinación con Lorenzo Hierrezuelo (…)

Había recibido clases de guitarra con Manuel Corona y José Díaz, y se ha citado su debut profesional en dúo con Zequeira, en el habanero Teatro Politeama Grande, de la Manzana de Gómez, y en 1918 viajaron a New York, donde actuaron en el Teatro Apollo, de Harlem. Regresó allá en 1922 con Manuel Corona, grabando para la Víctor. Inquieta en su devenir sonoro, al siguiente año Vera hizo dúo con Miguel García hasta 1931, cuando integró un cuarteto con Lorenzo Hierrezuelo, Justa García y Dominica Verges, pasando más tarde a otro con el mismo Lorenzo, pero con el tresero Isaac Oviedo y Hortensia López, hasta la creación del citado Sexteto Occidente. Con Hierrezuelo se mantendría trabajando durante más de 20 años, con presentaciones en radio y televisión, así como en una gira a México, en 1947, donde al igual que en sus innumerables escenarios desgranó sus aires trovadorescos y, además, hizo bailar a su público con ese sabor raigal de sus interpretaciones.

Un testimonio interesante recogido en el documental citado es el del trovador Miguel García, quien narró cómo luego de las actuaciones conjuntas en el Apollo newyorquino, con gran aceptación, de vuelta en La Habana “enseguida nos relacionamos con varios dueños de academias, y empezamos a tocar en la academia Rialto, donde tuvimos un éxito formidable, y allí estuvimos bastante tiempo, tanto es así que el dueño no quería dejarnos salir, porque había veces que se nos presentaba una oportunidad de tocar fuera y él decía: ´bueno, no, yo les doy más, pero no me dejen la academia´; después de eso seguimos tocando bailes aquí y allá (…) y se fue reafirmando el nombre del Sexteto Occidente.”

Otra opinión tomado de esta filmación es la de Hierrezuelo, quien comentó: “A María Teresa la conocí en el año 35 (…) y la mandamos a buscar para que nos enseñara sus ´Veinte años´, y la invitamos a que fuera con nosotros a Radio Salas, ella accedió, y la hicimos que cantara la canción ´Mercedes´, y desde entonces María Teresa y yo para arriba y para abajo. Grabamos en Suaritos 957 números. Y estando ya en Radio Salas viajábamos a muchos lugares de la república, pero ya en el 72 cae ella enferma, para no cantar jamás. Estuve 27 años cantando con ella, y tres en su cabecera, es decir, fueron 30.” María Teresa falleció en La Habana el 17 de diciembre de 1965.

En el amplio y hermoso repertorio creado por María Teresa destacan la habanera “Veinte años”, con letra de Guillermina Aramburu, los boleros-son “Dime que me amas” y “Sólo pienso en ti”, los boleros “Porque me siento triste” y “Yo quiero que me quieras”, también con letras de Aramburu, y de su total autoría “Virgen del Cobre”, “Te digo adiós” o “Sufrir y esperar”, así como la guaracha “San Juan” o el bambuco “Esta vez te tocó perder”, con texto de Emma Núñez.